El dolor global de la exclusión

24 Jun 2020

A medida que la pandemia se extiende entre la población mundial, los gobiernos de todo el mundo están poniendo a sus ciudadanos en diversas formas de cuarentena. Por primera vez, el mundo entero se enfrenta al sufrimiento que provoca el aislamiento social. Sin embargo, para muchos, esta sensación de soledad no es una fase temporal, sino su vida cotidiana.

Los aproximadamente 1300 millones de personas con discapacidad que hay en el mundo no son ajenos a la exclusión que se está sufriendo en todas partes como resultado de la pandemia y que en muchos aspectos de la vida está suponiendo un aislamiento prolongado.

La discapacidad es una parte natural de la experiencia humana, y ahora que tantas personas están experimentando sentimientos de aislamiento, no debemos obviar la realidad de la exclusión y del impacto que tiene no solo en el bienestar mental y físico sino también en la calidad de vida de las personas.

El Estado de Kuwait, pionero en la región, recogió la sensibilización de la discapacidad en su sistema jurídico en 2010 y desde entonces ha acogido los proyectos desarrollados por la Autoridad Pública en Materia de Discapacidad (PADA, por sus siglas en inglés), que no ha escatimado esfuerzos en hacer converger a los sectores público, privado y social para prestar apoyo a las personas con discapacidad.

La perseverancia y devoción de PADA ha atraído mucha atención por este tema en Kuwait y líderes como Bader Nasser Al Kharafi, vicepresidente y director ejecutivo del Grupo Zain, encabezan iniciativas empresariales por toda la región en apoyo del empoderamiento de las personas con discapacidad en el mundo del trabajo.

Hay aproximadamente 27000 personas con discapacidad registradas en el Estado de Kuwait y, aunque el bienestar de las personas con discapacidad siempre ha estado en el centro de las convicciones del Estado, la realidad es que la mayoría de las personas con discapacidad aún están marginadas del mercado de trabajo. Aunque muchas empresas reconocen el valor de mercado de las personas con discapacidad, dado el modus operandi que prevalece hoy en día, el convincente imperativo moral y social de que la exclusión debe terminar sigue siendo necesario.

A pesar de que las empresas de todo el mundo ponen en duda constantemente su sostenibilidad, los últimos meses suponen un testimonio de su viabilidad: la inclusión de las personas con discapacidad en las empresas es ciertamente posible. ¡Muchas de las prácticas que hemos visto ponerse en marcha estos meses son las mismas prácticas que permiten que las personas con discapacidad no solo participen, sino que también prosperen!

La rápida respuesta al impacto de la pandemia ha supuesto un cambio mundial que incluye un incremento significativo del uso de la tecnología y la comunicación digital. Hoy vemos al mundo empresarial en su estado más ágil y receptivo.

Pese a que hayamos necesitado de los últimos y catastróficos acontecimientos para señalar e impulsar la relevancia de este tema, en la última década se ha subrayado una y otra vez su importancia social y moral.

Con nuestras mayores esperanzas de que esta pandemia pasará, en la actualidad tenemos la oportunidad de aplicar el sentido común empresarial y aprovechar para transformarnos para el día de mañana, con todo lo que hemos aprendido, y desarrollar nuevos sistemas y modelos que sean inclusivos en su totalidad.

Es inevitable que, después de la pandemia, se rediseñen muchos modelos empresariales en vista de la planificación de los nuevos escenarios mundiales. Al hacerlo, no pueden repetirse los errores del pasado o del presente, entre los que se incluyen descuidar la ventaja que supone la inclusión y los derechos básicos de las personas con discapacidad, una parte igualmente importante de nuestras comunidades.

Durante demasiado tiempo se ha creído que los sistemas mundiales no podían cambiarse, pero hoy, con esta pandemia, hemos demostrado que se pueden cambiar y que podemos seguir cambiándolos.

Ahora que todos conocemos el dolor global que supone la exclusión, no hay justificación para no hacerlo.

 

Sadie Hussain, Abogada y Embajadora de Diversidad e Inclusión